Las bajas temperaturas afectan a todo nuestro organismo y también a la piel. Las zonas más sensibles son las que están expuestas, sobre todo el rostro y dentro de él los labios, las mejillas, la barbilla, la nariz y las orejas. Además, las extremidades también resultan particularmente sensibles, sobre todo, las manos que suelen estar menos protegidas que los pies.

¿Qué le pasa a la piel cuando hace frío?

El principal problema de la piel en invierno es que puede sufrir deshidratación y sequedad. Además del frío y del viento, se junta otro inconveniente para la piel: el contraste de temperatura entre el exterior y los interiores con la calefacción fuerte. Todo ello hace que la función barrera que ejerce la piel quede debilitada. La piel puede estar tirante e incómoda, además, puede sufrir picores, irritaciones, estar áspera al tacto e, incluso, en casos más graves, presentar inflamaciones y lesiones tipo eczemas. Otro problema que puede presentar la piel en invierno son los sabañones, inflamaciones, acompañadas de picor y dolor que pueden aparecer en los pies, los dedos, las manos, la nariz… Suele afectar a personas con problemas de circulación sanguínea y surgen por repentinos cambios de temperaturas.

Aunque todas las pieles pueden sufrir en invierno por el frío, las más sensibles son las más débiles o las que presentan algún problema como las atópicas, con dermatitis, rosácea y sensibles, en general.

¿Cuáles son las zonas del cuerpo más sensibles al frío?

Lógicamente, las zonas más expuestas son las que más sufren, y por eso es el rostro la más sensible a los daños. Dentro del rostro hay que tener especial cuidado con los labios, su fina y delicada piel tiende a agrietarse. También sufren de forma especial las zonas de las mejillas, la nariz o la barbilla que pueden presentar rojeces y descamaciones. Y, por otro lado, otra zona propensa a sufrir sequedad en invierno son las manos. Estas últimas, además, sufren por el contacto continuo con el agua.

Cómo cuidar la piel en invierno

El principal cuidado es la hidratación. Hidratando piel la piel, evitaremos que hay una pérdida de agua y por lo tanto se produzca la deshidratación. Por eso es necesario hidratar a diario toda la piel y especialmente la del rostro. La hidratación es necesaria por la mañana, para reforzar la barrera de protección de la piel, y por la noche, para ayudarla en su proceso de regeneración cutánea. Os proponemos una doble hidratación con nuestra línea AMEM: empezamos con el Sérum nutritivo y regenerante que ayuda a restaurar la luminosidad, hidratación y suavidad, gracias a su fórmula en la que destaca el ácido hialurónico vegano, el aceite de acmella, el sacha inchi y el extracto de sangre de drago. Y, después, aplicaríamos la Crema hidratante y nutritiva que, gracias a sus aceites naturales con alto poder hidratante y antioxidante, mantiene la piel hidratada equilibrando naturalmente su humedad, nutriendo y revitalizando la piel, sin dejar sensación grasa. Para completar la hidratación del rostro, te aconsejamos aplicar el Contorno de ojos multi-efecto, que cuidará y protegerá de la deshidratación la delicada piel del contorno de los ojos. Además de la hidratación de la piel, te aconsejamos evitar las duchas largas y con agua muy caliente que, aunque son reconfortantes en invierno, resecan la piel. Es más aconsejable usar agua tibia. Protégete con guantes y ropa de abrigo y evita los cambios bruscos de temperatura que también provocan deshidratación en la piel. Finalmente, no olvides que incluso en invierno, deberías usar un protector solar, sobre todo, si vas a la montaña porque los rayos UVA y UVB siguen siendo dañinos.